martes, 26 de junio de 2007

Patatas sin sabor.

Miles, miles de cuerpos pútridos en la bañera de mi habitación, pues siempre fui algo exigente y quise bañarme solo para pensar en caliente. Y toco sus putrefactos ojos y meto sus cabezas en formol, ¡Todo es tan bello ahora! Pero sigue emanando de mi esa inexplicable sensación de excitación cuando, sus globos oculares, se dilatan al verme aparecer desnudo por la puerta.
¡Maldigo y maldigo y maldigo a aquel que quiso que el queso oliese a pies! Pues ya dicho a todos les huele a pies y los pies a queso...Que insensatos todos y que comibles sus entrañas de terciopelo.
Y ya no se ni lo que pienso y pensar en ello me produce nauseas de placer, placer por su miedo echo trizas al clavarles una avispa el aguijón. Me aburro como una ostra y jamás comprenderé esa expresión, ¿Es que acaso la ostra se aburre? Acaso alguien le ha dicho: ¿Eh ostra, tu te aburres? ¿Y ella a contestado: si, como yo misma? Más vale pájaro en mano que ciento volando, a eso aspiran hoy en día los sacos de huesos.

¡Y así vamos!
Así vamos...

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